Cuando pensamos en cambiar algo de nuestra vida, casi siempre empezamos por añadir.
Hacer más ejercicio. Organizarme mejor. Delegar de una vez. Aprender a decir que no. Mejorar mi liderazgo. Tener esa conversación que llevo semanas aplazando. Cambiar de trabajo. Empezar aquel proyecto que siempre acaba quedándose para más adelante…
Más objetivos. Más planes. Más cosas que hacer.
Y, sin embargo, hay una pregunta que solemos hacernos muy poco: ¿cómo estoy yo? Porque quizá, antes de preguntarte hacia dónde quieres ir, convenga mirar un momento desde dónde estás saliendo.
En los procesos de coaching nos pasa mucho. Alguien llega con un objetivo claro: quiere gestionar mejor a su equipo, tomar una decisión clave, afrontar un cambio profesional o mejorar alguna competencia. Y mientras hablamos empiezan a aparecer cosas importantes a las que muchas veces no se les da la importancia adecuada.
“Llevo semanas durmiendo mal. Como deprisa entre una reunión y otra. Hace meses que no saco un rato para lo que me gusta. Miro el correo antes incluso de levantarme de la cama. Hago ejercicio cuando puedo, que últimamente significa casi nunca…”
Y entonces, ¿el objetivo sigue siendo importante? Claro que sí. Pero mejor empecemos por lo importante: empecemos por ti.
A veces hablamos del autocuidado como si fuera retirarse del mundo, darse un capricho o ponerse por delante de los demás. Autocuidado es prestar atención a las condiciones en las que estás viviendo tu propia vida: cómo descansas, cómo comes, cuánto te mueves, cómo te hablas cuando las cosas no salen bien.
Autocuidado también es qué haces con lo que sientes, con quién compartes lo que te pasa, cuándo desconectas de verdad o cuánto espacio queda para aquello que te hace bien, aunque no sirva “para nada”.
Cuidarse no consiste en ponerse siempre primero, consiste en dejar de ponerse siempre al final.
Tampoco hace falta justificarlo diciendo que así seremos más productivos. Cuidarnos merece la pena por nosotros mismos. Porque cuando estamos descansados y conectados con nosotros y con los demás, tenemos más recursos para pensar, decidir, relacionarnos y afrontar las dificultades. Y también, daremos lo mejor a los demás.
Por eso, cómo te cuidas también entra contigo en una reunión, en una conversación difícil, en una decisión importante o en la manera en que acompañas a tu equipo. Y no es una intuición de coach: por poner un solo ejemplo, la Academia Americana de Medicina del Sueño y la Sleep Research Society revisaron toda la evidencia disponible y fijaron en siete horas por noche el mínimo para un adulto sano. Dormir menos de forma sostenida se paga, y se paga en salud.
La pregunta no es solo cuánto haces. Vivimos muy orientados a la acción. ¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a conseguir? ¿Cuál es el siguiente reto? Todo eso puede ser útil, por supuesto.
Desde el coaching hay otra pregunta que, en determinados momentos, resulta bastante más importante: ¿qué necesitas ahora? Y lo curioso es que no siempre sabemos responderla.
Estamos muy entrenados para detectar lo que necesitan nuestros clientes, nuestra empresa, nuestro equipo, nuestros hijos o las personas a las que queremos. Mucho menos para preguntarnos qué necesitamos nosotros. A veces uno puede pasar semanas funcionando en automático. Cumpliendo. Resolviendo. Tirando. Hasta que un día se da cuenta de que lleva demasiado tiempo sin parar a mirar cómo está de verdad.
Por eso puede ser útil hacerse de vez en cuando una fotografía sencilla.
Tu rueda del autocuidado
Puntúa de 0 a 10 cómo has cuidado cada área en los últimos treinta días. Hazlo rápido, sin darle muchas vueltas: la primera cifra que se te venga suele ser la más honesta. Y tranquilo, esto no se guarda ni se envía a ninguna parte.
Debajo de cada área tienes tres preguntas. Ábrelas cuando ya te hayas puntuado: son ellas las que hacen el trabajo, la rueda solo te enseña la foto.
Media: 5,0
Lo que dice tu rueda
Fíjate en la forma antes que en la nota. Una rueda de nueves con un dos rueda peor que una rueda entera de cincos.
Puedes mirar áreas como el descanso, el cuerpo, la alimentación, la vida emocional, la carga mental, tus relaciones, el sentido de lo que haces y el tiempo que reservas para ti.
No se trata de sacar un diez en todo ni de construir una vida perfectamente equilibrada, porque la vida real rara vez funciona así. La pregunta interesante es otra:
¿Qué me está diciendo esta foto sobre cómo estoy viviendo hoy?
Quizá descubras que llevas meses funcionando bien, pero has abandonado algo que antes te hacía mucho bien. Quizá aparezca una relación que estás dejando enfriar, un cansancio o un dolor que ya has normalizado, o algo tan sencillo como darte cuenta de que llevas demasiado tiempo sin hacer nada solo porque te apetecía.
No hace falta dramatizarlo ni tampoco juzgarlo. Solo verlo.
Y no conviertas el autocuidado en otra obligación. Detectar cuatro cosas que podrías mejorar y montar inmediatamente un plan de vida nuevo, con sus ocho horas de sueño, sus cuatro días de deporte, su meditación, su lectura, su comida sana, sus amigos y su desconexión del móvil, es convertirlo en otra lista de tareas.
Elige una sola cosa, pequeña, concreta, algo que esta semana te haga sentir que te estás tratando un poco mejor. Puede ser acostarte media hora antes, salir a caminar sin mirar el móvil, llamar a alguien a quien echas de menos, comer sentado y sin trabajar al mismo tiempo, cerrar el correo a una hora concreta, pedir ayuda, recuperar algo que te gustaba hacer y que, sin darte cuenta, desapareció de tu agenda.
La clave está en concretarlo: “voy a cuidarme más” es una buena intención; “el miércoles a las siete salgo a caminar una hora” ya es un compromiso. Pero antes podrías hacerte otra pregunta: ¿esto cabe de verdad en mi vida? Porque si para hacer ejercicio duermes una hora menos, o si conviertes el descanso en otra disciplina que tienes que cumplir perfectamente, quizá no estés cuidándote.
Quizá simplemente hayas encontrado una nueva forma de exigirte.
Y una última cosa, que me parece importante decir aquí. El coaching acompaña a personas sanas que quieren alcanzar sus objetivos, y esta rueda no diagnostica nada. Si al mirarte aparece un insomnio que no cede, una tristeza que no se levanta, un dolor que llevas meses normalizando o una relación con la comida que te preocupa, eso no es cuestión de fuerza de voluntad ni de un buen propósito para el miércoles. Es cuestión de un profesional sanitario. Y pedir esa ayuda también es autocuidado.
Como siempre recuerda un querido amigo, “por mí y por todos mis compañeros, pero por mí, el primero”. Cuidarse no es egoísmo, es amor propio.
Quería empezar este blog precisamente aquí. Antes de hablar de liderazgo, cambio, decisiones, equipos, conversaciones difíciles o desarrollo profesional.
Antes de preguntarnos qué queremos conseguir, quizás es mejor empezar por mirarnos un momento, ver cómo estamos y hacernos una pregunta sencilla, pero no siempre cómoda: ¿cómo me estoy cuidando últimamente?
Puede parecer una pregunta simple. Pero a veces abre conversaciones importantes.
Si al mirar tu rueda ha aparecido algo que llevas tiempo aplazando, y crees que un acompañamiento podría ayudarte a moverlo, escríbeme.
Y si te ha resultado útil, compártelo con alguien que últimamente esté poniéndose al final.